SILABARIO RESTAURANT: IMPERDIBLE

Cuando me contaron de este restaurant se me vino la imagen de ese libro con los niños afuera apoyados en unos cubos con letras, con el cual mi mamá me enseñó a leer y con el cual muuuchos de mis colegas de los años 80 deben haber aprendido.

Tenía muy pendiente conocer este restaurant porque mis amigas “bloggers” me lo habían recomendado mucho.

Les cuento entonces que cuando llegas al lugar te reciben súper bien. Es una casita muy piola en barrio Italia, pero casi llegando a Irarrazaval, o sea, está apartada del bullicio propio del barrio gastronómico. Llegamos temprano y sin reservación y pese a eso, nos acomodaron una mesa “atrás” en la zona más bonita y acogedora del lugar.

La señorita que nos atendió se presentó por su nombre “Beatriz” y nos contó con mucha paciencia (tuvimos bastante suerte porque por la hora había poca gente) de que se trataba la propuesta del restaurante. Básicamente trabajan productos “locales”, o sea, producto chileno y de temporada. Ahora en verano, por ejemplo, el jugo era de frutilla, melón y sandía. No habían limonadas porque el limón es de invierno. Y debo decir que el jugo de sandía estaba espectacular.

Lo primero que llego fueron los Bebestibles, los jugos de mis niñas y un pisco sour aromático que pedí para mí. También una jarra grande con agua filtrada que la sirven ilimitadamente, un gesto que se agradece.

A pesar de que la señorita nos advirtió que los platos demoraban entre 20-30 minutos, no nos pareció tanta la espera porque pedimos una tabla para picotear que traía muchas cosas ricas inspiradas en la comida autóctona de Chile: catuto, cebollitas, ajíes rellenos, quinua, quesos, empanaditas, etc. Así que se nos hizo buen agradable la espera, además que nos entretuvimos contemplando el pequeño y acogedor lugar que nos tocó y respondiendo las preguntas que nuestras monas nos hacían acerca de los ingredientes de cada cosa. También sirvieron mini sopaipillas con pebre de cochayuyo y de tomate (muy ricos ambos)

 

Después, nos explicaron las variaciones que tenía la carta de verano, ya que van trabajando con los ingredientes disponibles y a veces faltan algunos. Creo que hicimos unas muy ricas combinaciones, porque quedamos todos muy contentos con nuestros platos. Yo, los probé todos y aquí están algunas de las fotos que aunque con poca luz no salieron tan mal…

Merluza austral con costra de almendras, acompañada de hojas verdes y vinagreta, pedido de la más chica.

Papas rellenas de mechada de jabalí, el pedido de mi hija grande que le hizo empeño hasta el final, sobretodo a la ensalada, la amó.

Pulmay, pedido de papá. Estaba súper contundente y además traía un tazón gigante de sopa.

Y el mío, un asado carnicero cocinado lentamente, se rompía solo con el tenedor, servidos sobre una pastelera de choclo.

Este postre si que estaba novedoso. Es un mousse de mile y hiervas (tenía romero, salvia o algo súper aromático) con un centro de morón. Recomendable si van, al 100%.

Mousse de chocolate con zarzaparrilla y jalea de naranja.

También cuentan con postres clásicos chilenos, como leche asada, leche nevada o torta de tres leches.

Bajativo por parte de la casa!!! un rico y suave “murtado”, que sea de parte d ella casa deja feliz a cualquiera.

Esa fue mi visita a este delicioso restaurant. Seguro volvemos a probar la carta de invierno. Vale la pena la cuenta. Cuanto salió?? No se, esta vez me invitaron 🙂

Con cariño,

Nati

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *